Lujo, buen marisco, celebrities, playas de arena fina y todo el entretenimiento imaginable, eso y mucho más ofrecen dos localidades separadas únicamente por la desembocadura de un río, apenas unos metros. Bienvenidos a la Belle-époque.

Antes de nada, dejad que me lamente un poco. La primavera se retrasa en este rincón del mundo. Hemos tenido un invierno suave pero prolongado y ahora estamos en un limbo climático un poco desesperante. Cuando parece que va a llegar el calor, una nueva tormenta da al traste con la templanza y vuelve a haber 10 o 12 grados durante el día y un gris que no nos abandona.

Si tuviera que esperar mañanas soleadas para visitar sitios y hacer fotos, este blog se actualizaría dos meses al año. Así que, de momento, sólo puedo ofreceros la panorámica de mis días nublados. Y, aunque es cierto que a esta tierra le sienta bien cualquier tonalidad,  os prometo imágenes brillantes y a todo color en cuanto el tiempo se estabilice un poco.

De los 5 departamentos normandos, Calvados es en mi opinión el que concentra mayor número de lugares emblemáticos. Debe su fama, en parte, a que 4 de las cinco playas del desembarco se encuentran aquí, a sus destinos de costa, a su interesante patrimonio y a que tiene una capital universitaria, Caen, alejada de Paris lo suficiente para no caer en su ángulo muerto.

Pues bien, en este departamento se encuentra la Côte Fleurie – La Costa florida -, llamada así tanto por sus paisajes de interior – Le Pays D’Auge – como por los maravillosos jardines y parterres de sus mansiones al borde del mar. Y en este pedacito de costa entre el Puerto de Le Havre y la desembocadura del Orne se encuentran algunas de las  playas y destinos de vacaciones preferidos por los parisinos, en particular,  y por el resto del mundo en general.

Ya os hablé de Honfleur  y hoy les toca a Deauville y Trouville-sur-mer

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Estas dos localidades se encuentran separadas por la desembocadura del río Touques, apenas unos metros, pero a pesar de la cercanía y de los numerosos elementos comunes, son bien diferentes.

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Trouville es más portuaria, más marinera, más auténtica. Deauville es más señorial, más lujosa  un lugar para ver y dejarse ver.

Ambas han sido inmortalizadas por los más grandes pintores contemporáneos y pregonadas por escritores de la talla de Flaubert, Proust o Marguerite Duras. Conviven en plena armonía y creo que se necesitan mutuamente. Una vieja broma local sobre la burguesía rica de principios del siglo XX que residía aquí  decía que los señores tenían a la esposa en Deauville y a la amante en Trouville.

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Ambas son destinos balnearios de primer orden desde principios del XIX y las magníficas mansiones burguesas construidas entre 1860 y 1880  así lo confirman.

De arquitectura caprichosa y variada – como corresponde a los cánones artísticos de la época – no hay dos iguales. Aquí se dan todos los “neo estilos”, el Neo-normando, el Neo-clásico, el Neo-italiano, el Neo-persa. Ya sabéis, la Belle-époque fue muy frívola, afortunadamente.

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En Deauville y Trouville-sur-mer el entretenimiento no falta.

El juego fue autorizado a principio del siglo XIX para ofrecer distracciones a los parisinos que venían en verano. Hoy, sus casinos también forman parte del más rancio patrimonio local.

A Trouville hay que ir por sus mercados de pescado, Les Poissonneries, donde el producto fresco es variado y abundante. La caballa es su captura más representativa y se realiza entre abril y noviembre y siempre de día con métodos artesanales de mareas cortas. Luego se almacena en pequeñas cajas de 8/10 kilos para que se conserve mejor. Es un producto muy demandado por su denominación de origen certificada.

Es todo un lujo disfrutar del mercado el miércoles y el domingo por la mañana. Para los que tenemos tendencia al fósforo el panorama es una perdición. Y si no se quiere comprar, buenos restaurantes hay de sobra, como La Central, Les Vapeurs, La Marine o La Petite Auberge.

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Hay mucha gastronomía por degustar. Toda clase de platos, a cual más rico, como los mejillones al camembert o a la sidra, dos productos locales de los que ya os hablaré con calma en otro momento.

Si algo distingue a Deauville y la proyecta a nivel mundial es su Festival de Cine Americano que se celebra en septiembre. Este año será entre los días 2 y 11 en su edición nº 42. Representa la cita más importante del séptimo arte en Francia, después del festival de Cannes.

Por aquí desfilan todas las celebrities, actores, directores y demás integrantes del show business made in USA. El Paseo marítimo de Deauville, “Les Planches”, es como el Paseo de la Fama de Los Angeles en versión marinera. Hay una dedicatoria para cada artista de Hollywood en forma de cabina de playa. Pero hay más festivales de este género como el de cine asiático o el de cortos de Trouville.

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Les Planches es paseo y establecimiento de baños de mar al estilo de los años 20. Un espacio muy pintoresco. En Los atriums, construidos en 1923, se alquila toda la parafernalia playera tan típica de las escenas impresionistas. Sombrillas, tumbonas, cabinas, todo muy vintage pero muy renovado y actual.

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La oferta de eventos es inagotable y agotadora.  A la visita de villas, museos, casinos e hipódromos hay que añadir los paseos en barco de época, todos los deportes náuticos imaginables y sus innumerables festivales y eventos. Hay de todo y para todos y en tal cantidad que lo difícil es escoger qué hacer o a dónde ir. Algunos de estos eventos son muy curiosos como el festival de cometas o la competición de camareros/as de café. Se trata de una carrera de habilidad para profesionales y aficionados con las bandejas preparadas para el servicio. La recaudación se dona a una asociación para la lucha contra el cancer de pulmón. Ambos se celebran en Trouville antes del verano.

Si os estáis planteando unas vacaciones en Normandía, sólo tenéis que entrar en la web de turismo de Calvados y buscar la agenda. El mapa tiene más pinchos que una taberna en Donosti.

Yo ya estoy planificando algunas escapadas. ¿ Y vosotros? ¿Dónde vais este verano?

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