Nacido de un sueño inaplazable, El Mont Saint Michel  ya era mágico antes de que en su promontorio se colocara la primera piedra de culto. Un lugar único en el mundo que nadie debería perderse.

Comenzar este post me ha costado un buen número de horas y de correcciones. De hecho, la sola idea de incluirlo me planteaba dudas. Mi objetivo al escribir este blog no es el de proporcionar información del tipo que se encuentra fácilmente en cualquier oficina de turismo o guía. Lo que yo quiero contaros es la Normandía que yo veo y vivo, la más personal y la que es probable que se le escape a un viajero apresurado, y esto que os traigo hoy representa todo lo contrario.

El Mont-Saint-Michel es, sin lugar a dudas, uno de los lugares míticos de Francia. Sus más de 3 millones de visitantes al año lo convierten en el “number one” después de Paris, claro está. Y no se puede hablar de Normandía sin incluirlo, así que allá vamos.

Como he dicho, pertenece a Normandía, al departamento de La Manche aunque muchos crean que está en Bretaña. De hecho es probable que la caprichosa naturaleza lo haya cambiado de región alterando la frontera con sus formidables mareas.

Isla, promontorio, abadía, el conjunto del Mont Saint Michel es Patrimonio de la Humanidad  desde 1979, como no podía ser de otro modo. En la web oficial de turismo  hay un montón de información acerca de cómo llegar, dónde alojarse, cómo desplazarse y demás datos prácticos. Hay al menos 5 hoteles en el interior del conjunto y 8 o 10 restaurantes, aparte de todas las instalaciones de los alrededores y pueblos vecinos. Esta web que os enlazo dispone también de un calendario de mareas interactivo y actualizado para que no os falte ni un sólo detalle a la hora de visitarlo. Y hasta aquí los datos.

Lo que sigue a partir de ahora es pura poesía de mi cosecha, humilde como la que escribiría esta gaviota si pudiera, pero poesía al fin y al cabo.

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El Monte Tumba como lo llamaban los Celtas  es un lugar absolutamente mágico por derecho propio. Una inmensa bahía donde los arenales se extienden hasta perderse de vista y donde la fuerza del mar se hace presente  de manera inexorable dos veces al día. Uno siente que hay “algo”, inexplicable, terrenal y sobrenatural a la vez. Quizá sea sólo el reflejo de nuestra propia insignificancia frente a esta naturaleza magnifica e incomparable.

El monte se divisa perfectamente recortado en el horizonte desde mucha distancia, tanta que al principio crees que te estás confundiendo, al menos, cuando viajas desde el este. La visión de  esa silueta erguida y simétrica, esa inmensa y perfecta figura cónica que resalta sobre un territorio completamente llano aparece como por sorpresa y te deja sin aliento. Luego, cuando te acostumbras a su presencia, se te pasa. Su visión no te abandona en ningún momento, como la luz de un faro a un barco durante la tempestad y sigue guiándote hasta que te rindes a sus pies.

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 Imagino que los antiguos peregrinos recorriendo este Camino del Paraíso,  a pie, en la oscuridad del tiempo olvidado debían sentirse transportados como por un impulso celestial y sobrecogidos por la certeza de la vida eterna.

Fue centro de culto y peregrinaje desde épocas remotas. Celtas y druidas lo consideraron la tumba de Belenus, el dios galo del sol y no me sorprende porque el atardecer es absolutamente sobrecogedor con sus reflejos marinos y brillos ocres sucediéndose en la arena con la bajamar.

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Su origen como templo cristiano es incierto y envuelto en la leyenda, ¿qué esperabais? .

En el año 708 el Obispo de Avranches tuvo un sueño en el que el Arcangel Miguel le pidió que construyera un templo, o no fue un sueño y se lo pidió de verdad; Quizás fue la marea aterradora que en el 709 trastocó para siempre la fisionomía de la bahía engullendo el también mítico bosque de Scissy dejando el monte aislado en el mar, o la presencia de un dragón marino contra el que tuvo que luchar el Arcangel Miguel y cortarle la cabeza para descanso de los pobres vecinos asustados y dispuestos a creer…Me parece que en este lugar pueden suceder  cosas fantásticas porque lo difícil es contemplarlo y no creerlo fruto de la imaginación.

Lo que si es cierto es que el monte-isla, su abadía y el conjunto arquitectónico que la rodea pasaron por etapas de crecimiento y conservación, seguidas por otras de abandono y desuso. Se la disputaron, como cabe esperar por estos lares,  los normandos, los bretones y los ingleses (que nunca lo conquistaron). Durante un tiempo, allá por la Revolución Francesa,  dejo de ser templo para convertirse en cárcel, como una Alcatraz con intermitencias.

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También es cierto que, ya en nuestro siglo, el que estuvo a punto de caer preso fue el propio monte, convertido en tierra firme para siempre por la colmatación de la bahía. Una gran obra de ingeniería que ha durado 10 años (2005 – 2015) le ha devuelto su libertad para vestirse de isla dos veces al día y recuperar la magia.

Y por lo demás, La Abadía y su claustro merecen una visita. El conjunto completo se lo merienda uno en un ratito mucho más breve que lo que se tarda en llegar. La circunferencia del monte es de unos 900 metros  por 90 metros de alto y con unas vistas espectaculares con marea alta o baja. Es un gran mascarón de proa, desde el que contemplar el inmenso mar.

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– Sustituir por “chirrido de frenazo en seco”- Visto de cerca no puedes evitar descubrir que lo han convertido en un parque temático para turistas. Las tiendas de souvenirs con toda suerte de objetos con letreros chillones y lucecitas o perritos de peluche diciendo “kiss me” tienen muy poco que ver, en mi opinión, con el camino del paraíso. Los tenderetes y los toldos invaden prácticamente las callejuelas de acceso dejándote un espacio muy pequeño para moverte y resulta un poco agobiante circular. Y para colmo te venden perritos calientes a precio de caviar.

Y aquí acabó la poesía de la gaviota.

Esperaba encontrar la maravilla de occidente. Medio hipnotizada con la imagen lejana y la idea de un lugar de encuentro de alquimistas y esotéricos, de monjes benedictinos y pintores románticos, de galos y romanos, se me olvidó que hoy día cualquiera de estos lugares tan visitados ha perdido su esencia para dejar paso a la modernidad y se me cayó el mito a los pies en cuanto atravesé la puerta.

Ahora… desde lejos , ¡¡¡magnífico!!!! .

¡Si los druidas levantaran la cabeza!

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